Judith y Holofernes es una pintura de Artemisia Gentileschi, conservada en el Museo Capodimonte de Nápoles.
El episodio de la decapitación de Holofernes por parte de Judith es muy conocido en la historia del arte, ya que ha sido abordado por muchos otros artistas, especialmente por Caravaggio en su obra de 1599, conservada en la Galería Nacional de Arte Antiguo Palazzo Barberini de Roma.
Dos versiones de la obra
La obra, perfecto ejemplo de pintura barroca, fue realizada entre 1612 y 1613 aproximadamente por Artemisia Gentileschi.
Artemisia realizó luego una otra versión posterior – que aún se conserva en las Galerías de los Uffizi – pintada en 1620.
Una escena tan cruenta como la de la decapitación, aunque no confirmado, para algunos críticos podría estar relacionada con la violación que sufrió en 1611 por parte de Agostino Tassi, también pintor y amigo de Orazio Gentileschi, padre de la pintora.
En la obra conservada en Nápoles, perteneciente al periodo juvenil de la pintora, se nota una fuerte impronta naturalista y cierta incertidumbre en la composición.
La posición rígida del brazo de Judith encuentra inspiración en la pintura homónima de Caravaggio y al mismo tiempo el personaje de Holofernes parece tener un cierto eco al sujeto análogo de Rubens.

La escena en general resulta violenta y oscura y se vuelve aún más poderosa y aterradora por la sangre de Holofernes que mancha los lienzos sobre los que está tendido.
La excepcionalidad de la pintura radica también en la voluntad de Artemisia Gentileschi de querer representar a Judith en el papel de una auténtica verdugo.
Artemisia, excepción en la historia del arte
Al admirar la obra, vale la pena analizar el contexto histórico y cultural en el que fue realizada.
Estamos en la primera mitad del 1600, periodo en el que las mujeres no gozaban de gran libertad y eran muy pocas las que aspiraban a convertirse en artistas o pintoras.
Artemisia en este sentido representa una gran excepción en la historia del arte: dotada de un gran talento desde niña, logró incluso entrar en una Academia siendo reconocida al mismo nivel que sus colegas.

Fue la única que tuvo el coraje de representar una escena tan cruenta y con tanto énfasis, cuando en la época a las mujeres se les permitía como máximo la representación de naturalezas muertas. Además, se debe considerar que los estudios anatómicos requeridos para pintar figuras humanas eran considerados escandalosos y a discreción de los hombres.
En conclusión, el hecho de que la autora de una pintura de tal ferocidad como Judith y Holofernes, haya sido una mujer del 1600, es simplemente extraordinario.
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